
Al sentir la magia, las mariposas y toda la tristeza que, ello me producía, dudé, todo en mí, fue duda. Ante tanta incertidumbre, “estar enamorada” era la única certeza.
Un solo hecho: nosotros, podríamos ser, la pareja perfecta; ¡pluscuamperfecta! Porque lo sé, porque nadie antes, ni alguien después, podrá entender nuestra hermosa locura.
También sé porque lo sé, que si no puede ser, no será. Pero permíteme dudar, al fin y al cabo, dudar, es mi obviedad.
De pronto un día, alguien, me propone que, te haga un amarre y, yo me rio, quizá, porque no creo. ¿Qué mayor hechizo para el amor que amar?
Si no puedes amarme, no me amarás. Si mi amor no te basta, si mi amor no me salva, si mi amor no te trae hasta mí, hasta mis alas y mis pies. No quiero: conjuros, ni hechizos, ni amarres, ni lazos, ni siquiera algún brebaje.
El único amarre deseable, nuestros brazos
El único lazo querible, nuestras manos
El único brebaje besable, nuestras bocas
El único conjuro amable, nuestra risa
Que puedo decirte, amor, que tú no sepas, que yo no desee. Compartir extraños pensamientos, con los que alimentamos, a nuestra mente inquieta. Y acompañar silencios, ellos conforman, el mejor desconxuro contra las meigas.