sábado 7 de noviembre de 2009

Añoranza

No añoro de ti: ni tu risa, ni tu voz modulada –esa que no se corresponde con tu cara –.
No añoro tu abrazo cálido, cómo aquel que me diste al pie de la playa, convirtiendo tus brazos en cobija; calentando y aliviando el dolor de mis huesos cansados del trabajo. Ni el placer en mi cuerpo mientras esculpías con tu buril cada curva, cada pliegue, cada hueco…
No añoro el tacto de tu piel, ni su olor, ni añoro tus manos, ni las puntas de tus dedos rasgueando la guitarra de mi espalda.
Ni siquiera añoro tus besos, si acaso... el primero. Y no me da pena confesarlo: ese fue mi último primer beso.
No añoro el sudor corriendo por tu frente, ni el brillo de tus ojos en busca de los míos para sentir y ver el destello del orgasmo compartido.
Y no lo echo de menos, porque todo eso es mío. Todo esto lo tengo y lo mantengo.
Escribir que te extraño mientras busco las palabras que te hagan temblar con cada verso.
Decirte tan solo que añoro el sabor de aquel vino compartido, el olor desprendido de tus hombros mientras libabas por debajo de los míos. Que el último recuerdo antes de dormir sea el calor de tu cuerpo en mi espalda. Y lo primero que evoco al despertar: tu mirada.

viernes 6 de noviembre de 2009

Chupitos de vida.

Nos empeñamos en leer derecho en reglones torcidos. Nos engañamos consumiendo sorbitos de vida, chupitos de ilusión. En escribir en pantallas, navegar por redes infinitas llenas de maraña, musarañas, en busca de: imágenes, sonidos, músicas que nos inspiren. Y a nuestras espaldas está la vida en forma de puerta que se abre: al sol, a la mañana, a la hoja de acacia, al vencejo, al niño que descubre, la flor que estalla, la niña que crece tan guapa, el hombre que espera, la guagua que tarda, la playa, la arena, mi barra, mi Peña (la vieja), el cielo infinito, la primavera, la nube, la palabra…las palabras.

viernes 30 de octubre de 2009

La valija

Dudó de que aquella maleta fuera lo suficientemente grande. Comenzó por doblar aquél suéter azul y pensó: no se culpe a nadie. Guardó los libros de Anaïs Nin, junto con aquel marcador olvidado. Dobló con cuidado sus vaqueros y atrapó unos cuantos suspiros (esos besos que no damos), la camisa gris, la blanca, la negra. Los calcetines rellenando los huecos junto con las cosquillas y todos sus gestos. Siguió doblando recuerdos, se llevaría consigo sólo los buenos…los malos los tiró sobre la cama con rabia. Al ladito de los sombreros metió algunos de sus sueños. La bufanda para el frio cobijando algún orgasmo. Entre sus pañuelos, los olores cotidianos (los de su pelo, su cuello, su pecho…). En el neceser de mano, cercano al dentífrico guardó los besos, los secretos, los susurros. Con la lencería fue doblando mañanas, tardes, noches, madrugadas de sexo: pasional, tierno, breve a veces. En los guantes metió caricias, mimos, unidos al roce de las puntas de sus dedos. Por último guardó los zapatos, los fetiches… pies descalzos caminando por los sueños. Pero, no guardó espejo alguno, simplemente –cual Alicia- cruzó al otro lado.

Promesa

El dolor de partir se mezcla con la alegría de la promesa de la vuelta. La mitad de un cuerpo queda en el andén y la otra mitad se va en el tren. Pero las almas quedan hasta el reencuentro suspendidas en el tiempo y el espacio. Abrazadas fuertemente: desnudas, despojadas, huérfanas…Los cuerpos separados, se convierten en autómatas de ojos opacos, labios sin risas, de pies sin prisas.

viernes 9 de octubre de 2009

Espera

Sentada al borde del muro de la vida, aferrada a tu mano miro; miro hacia adelante y veo vida. Porque si tú tomas mi mano, no hay miedo, no hay dudas ni silencios. Al borde del muro de nuestra vida estoy sentada.
Sentada en el borde de mi vida en esta calma chicha que anticipa la tormenta que se avecina. Y en la tormenta veo tu barco con la proa enfilada directamente hacia a mí. Y eso es lo que importa, la tormenta pasará, y tú arribarás a mí que estoy sentada al borde del mar de nuestra vida en esta calma chicha.

jueves 1 de octubre de 2009

Memento mori

Rafael Arozarena Doblado (Santa Cruz de Tenerife, 4 de abril de 1923- ibídem, 29 de septiembre de 2009) fue un escritor español, poeta y prosista. La obra de Arozarena está considerada, tanto por el público como por la crítica, como una de las contribuciones más interesantes a la literatura canaria de la segunda mitad del siglo XX.

Sus inicios están ligados a autores como Víctor Galtier o Víctor Zurita; en los años cincuenta y junto a otros escritores tinerfeños (como Isaac de Vega, Antonio Bermejo y José Antonio Padrón) forma parte del grupo fetasiano, que en medio de la opresiva realidad de los años del franquismo desarrolló una visión sobre la literatura, el ser humano y su difícil relación con el mundo que constituye una pieza fundamental de la cultura canaria contemporánea.

En 1988 obtuvo junto a Isaac de Vega el Premio Canarias de Literatura. En el año 2000 ingresa en la Academia Canaria de La Lengua.La obra de Rafael Arozarena (traducida al alemán, rumamo e italiano) abarca tanto la poesía como la novela. Dentro de este último ámbito, [[Mararía (novela)] es su obra más conocida, de gran relevancia en su tierra, donde es considerada como una obra clásica de la literatura canaria. Fue llevada al cine en 1998 por el director Antonio José Betancor, con la actriz lanzaroteña Goya Toledo en el papel de Mararía y con música del cantautor tinerfeño Pedro Guerra.

Rafael Arozarena realizó además abundantes colaboraciones en la prensa de las islas Canarias.

viernes 25 de septiembre de 2009

Arena y Espuma

Mi casa me dice: no me dejes porque aquí mora tu pasado, y el camino me dice ven y sígueme porque soy tu futuro.
Y yo le digo a mi casa y al camino: no tengo pasado ni futuro. Si me quedo habrá un deseo de marcha en mi estancia. Y si me voy habrá un deseo de estancia en mi partida. Sólo el amor y la muerte transforman todas las cosas.
Gibran Khalil Gibran

jueves 17 de septiembre de 2009

Ple-Amar

A veces la vida no es tan compleja, es tan sencilla como mirarme en tus ojos verdes de mar y navegar.
No me preguntes marinero: cuán de cargada llevo mi maleta. Mi equipaje, ahora, es ligero y no importa lo que guardes en tu petate.
El pasado no existe, en el futuro apenas creo. Siempre es hoy y en ti navego.
Marinero, tus lágrimas me saben a mar… A ese mar de Amor, de amor Amar.