
Y ahora te vas
Consigo que leas
a Lorca
y te vas
Te emocionas con
Gil de Biedma
y te me vas
Descubres a Galdós
y te vas
Encuentras de casualidad
un poema de Octavio Paz
y justo ahora vas
Y te vas…
un blog amable, acogedor
Cada día se levanta de su cama por un solo motivo: ama ciegamente al escritor, el hombre casi no existe.
Cansada de tanta soledad, de no haber podido encontrar a esa alma gemela, con la que poder compartir tantas inquietudes…ambiciones.
Caprichoso, como siempre, el azar, quiso que lo conociera y ya sólo creyera en él; tanto como nunca había creído en ella misma.
Capacitada para guiarlo en su camino, convencida de que él era poseedor del talento que ella nunca tendría.
Cabezonamente se empeñó en empujarlo a lo que creía era su destino: ser escritor y publicar por lo menos un buen par de libros.
Cada día se levanta de su cama con un solo objetivo: visitar librerías con la secreta esperanza de que alguna vez, por fin, los encontrará en alguna estantería.
Hoy voy a tener un buen comienzo. Esperando a que ocurra algo, cualquier cosa.
Hay días, semanas, que parece que no vamos a superar, donde las complicaciones dan paso a las malas noticias y a estas le suceden toda clase de imprevistos. Y por fin, es viernes, llegas a casa, te despojas de tus zapatos… y justo en ese instante suena el móvil y, es la llamada que esperabas, que anhelabas calladamente, y todo cambia: un baño relajante, música, elegir la ropa, los zapatos, maquillaje apenas, el bolso… la calle, los amigos, la buena compañía. Y la promesa de la vida (esa entrometida) esperándonos siempre al volver la esquina, al acecho, para abordarnos con un chute de felicidad imprevisto. A veces el mundo se nos aparece perfecto. “En ocasiones el mundo está bien hecho”.
Me miras, vestidos tus ojos de inocencia y me preguntas: ¿Te irías a Italia? Y ya sabes mi respuesta. Y no me apuesto nada, ya sé que no te gustan las apuestas. Pero juego cada día, vivir es una posta. Y el que no arriesga: no gana, no pierde, no nada. La nada es no mirarse en los ojos de la niña que hoy es vida y es mi apuesta. Y no te importa que este vientre no sea tuyo, lo quieres, porque es mío. Lo quieres, porque lo quiero, y es un milagro, y creo, aunque sabes que no creo. Y debería, solo por ti, y por ella, debería. Convendría creer en los milagros que engendran vidas de capados y menopáusicas. Correspondería creer en ese espermatozoide rebelde que luchó, trepó, protestó, llegó y engendró. La niña esculpida en mi cama, de un sueño imposible, de una última noche silenciosa, sin jadeos, con gritos apagados en almohadas embriagadoras de olores cotidianos. Por padre un Peter sin mallas. Por madre una Campanilla sin alas. Por nombre Valente. Princesa Hera, mírate en los azules ojos de tu príncipe amado, y cree. Me miras, vestidos tus ojos de inocencia y me preguntas: ¿Te irías a Italia? Y ya sabes mi respuesta.
Hoy de repente descubrí que aún se puede ser feliz, tú no eras para mí, lo entendí, sólo vives un disfraz sin nada detrás.
¡Que soy rara!…