domingo, 15 de agosto de 2010

MarySol

Allí estaba de nuevo, desnuda ante él. Dejándose acariciar cada curva, cada hueco, cada poro de su piel. Lo advirtió inundando los rizos del pelo con el vapor de su aliento. Luego aquel resplandor fulminante de su mirada le hizo cerrar los ojos y concentrarse sólo en el placer. Dejó que la invadiese. Se entregó enteramente. Inundandola con su calor.

Notó como le quemaba la boca y apretó fuerte los labios. Lentamente fue descendiendo por el cuello, por los senos, le hizo cosquillas al llegar al ombligo. No aguantando por más tiempo sus envestidas, se giró.

Fue entonces cuando las caricias ascendieron desde la punta de los pies hasta su espalda. Suaves rayos que calientan cuerpo y alma. De pronto una gran nube negra llega y lo esconde. Resignada recogió su toalla y se alejó cantando, radiante en su primer día de playa.

lunes, 14 de junio de 2010

Amar a-María

Para Mari Carmen y Dimas

Es ligera y sus pies descalzos parecen gaviotas siempre dispuestos a levantar el vuelo. La casa es ella, la vida es ella, y su ir y venir organizando, disponiendo, ordenando su pequeño mundo. Sí, ese pequeño universo forjado por y para ellos. Una fortaleza donde los muros son ladrillos de nubes unidos por cemento de aire, y el agua de toda esa argamasa: el vapor salado de las olas.
Agua salada de mar, ese mismo a cuya orilla paseaban de niños. Los pilones (testigos mudos) donde en la adolescencia se amaron por primera vez. De ese amor incomprendido nació la niña de sus ojos.
Desde el sillón no puede dejar de mirarla. Siente una punzada de dolor al recordar la separación a que fueron sometidos por parte de sus mayores.
Ellos querían casarse, pero para sus padres todo aquel amor era una locura. Tocaba estudiar y seguir con esa vida que ellos habían estropeado.
Le parece verlas a las dos a escondidas como entonces. Sí, quizá la niña en ese momento era una muñeca a la que ella vestía y cuidaba. Y para él un pequeño juguete que le negaban.
El amor todo lo puede y años más tarde se casaron. La felicidad se hizo plena con el hijo que vino a completar el cuadro.
Por eso no entiende que ahora le haga esto la vida.
-No quiero que te quedes sola ¡Eres tan joven todavía!
Ella le acaricia y se ríe. Por dentro está llorando sangre, pero eso él nunca lo notará. Porque ella es la atalaya, el castillo, el reino que inventaron.
Toma la regadera y se aleja cantando hasta el jardín.
- La dama que llama a la puerta no lo va a tener tan fácil para arrancarlo de aquí.

Hoy más que nunca quiero creer en los milagros

domingo, 18 de abril de 2010

Macaronesia

Estoy mareado, me duelen las piernas, están entumecidas y mis brazos congelados. Si tan solo pudiera moverme un rato, pero no hay espacio. Son horas, días en este hueco. Trato de distraer mi mente mirando el azul del cielo y las formas cambiantes de las nubes. Al caer la noche intento localizar el brillo de alguna estrella o consolarme mirando las caras de la Luna.

Mi vejiga está a punto de reventar, pero si me levanto perderé mi puesto. No me arriesgo y me lo vuelvo a hacer encima. El calor del orín me reconforta del frio por unos instantes. La miscelánea de olores (sudores, respiraciones y secreciones) es cada vez más nauseabunda. El hambre, la sed, y el dolor como de mil puñales sobre mi aterido cuerpo es cada vez más inaguantable. Trato de abstraerme imaginando la llegada a la tierra prometida, a la de las oportunidades, donde todo el mundo tiene un trabajo, una casa, coches, móviles, lujos. Lo he visto en la televisión, a través de un canal de España, por eso vale la pena toda la fatiga de este viaje. El premio me aguarda al otro lado.

De pronto, el mar se enfurece ¿Qué pasa? La patera parece una cáscara de nuez en una bañera. Tengo que luchar por mantenerme en la barcaza, lucho a codazos, puñetazos, patadas contra otros compañeros por conservar mi posición y que no me arrastren con ellos. Me siento vil, despreciable, miserable, mientras veo como el mar se los traga. Sí, lo sé. Jamás podré olvidar estas caras ni sus miradas, pero mi instinto de supervivencia y el miedo me empujan a no desfallecer. No está en juego sólo mi fortuna sino la de los míos, aquellos que se quedaron allí, esperando.

El sol en la cara me despierta, estoy tirado en una playa rodeado de bañistas, algunos ni se han percatado de mi presencia. Siguen comiendo y bebiendo cervezas bajo sus sombrillas de colores. Estoy confundido, no acierto a comprender si estoy vivo o si sólo soy otro número más, otra estadística.

sábado, 17 de abril de 2010

Musa For Rent

La asesinaste hace mucho, pero su fantasma no te abandona. Es tan obstinada que ha encontrado la forma de seguir inspirándote. A través de tus escritos salta hacía otros cuerpos (de mujer, claro) y los posee. Hace tiempo que lo sé y esa es la razón por la que ya nunca te leo. Pero ella muta, cuál virus, convirtiéndose en mi musa y me arrastra. De nada sirve resistirme, negarme, revolverme, gritar con todas mis fuerzas que no puedo creer más en ti, de que ya no espero nada bueno de ti.
Ella ríe, se mofa, me acusa de envidiosa. Me desarma, me hace ver tu talento, me abraza, me mima y se escapa. Secuestra mi cuerpo, lo baña, lo perfuma, lo adorna y corre con él hasta tus brazos.
Tú la recibes transmutada dando paso a rituales de sangre, pasión, letras, historias, cuentos, libros, novelas.
La rondas, la cortejas, te inspiras y vuelves a escribir las cosas más bellas.
Mi alma desorientada vaga por el cuarto a la espera de mi cuerpo. Cuando al fin retorna, he de reconocer que está mucho más hermoso. Como todo sacrificio nuevo y eterno.

miércoles, 14 de abril de 2010

martes, 30 de marzo de 2010

Calidez

No había mujer más sabrosa, picosa cual comida chilanga, con ese sabor único a mezcal con sal chilada. Llena de vida más que nunca y caprichosa cómo siempre. No paró de bailar -con sus nuevas galochas- bajo aquel aguacero de verano. Se la veía tan contenta.

Post data: las autoridades artísticas advierten: Si es usted una mujer de sal, pasear bajo la lluvia puede ser perjudicial para su salud.

Frialdad


Todo el mundo se lo indicó. Pero, ella terca como siempre, y sorda más que nunca. No atendió a razones. Inútil advertirla una y otra vez: No te conviene, tú eres la calidez y él es un tempano de hielo.

Hoy para celebrar la llegada de la primavera salen tomados de la mano. La lluvia les sorprende en medio del paseo. Atónita observa cómo se derrama entre sus brazos.

jueves, 18 de marzo de 2010

No hago otra cosa

Y recuerden lo que decía Chandler sobre Hemingway:
«Un hombre con talento, un hombre de genio, cuando ya no tiene con qué tirar, tira con el corazón. Cuando no tiene más nada se arranca el corazón y lo tira.»

En medio de este caos encuentro siempre a mí mejor yo, ese que sigue creyendo en ti y en mí. Ese yo que vuelve una y otra vez a aquella noche, a aquel paseo, a tu vieja casa, a nuestros recuerdos. No me conformo, nada me conforta, nada quiero. Sé que todos empiezan a mirarme mal, a no creer nada de lo que digo y cual cinta de Moebius ven de mí sólo una cara, la más patética. Sé -por sus ojos-lo que piensan. Los oigo cuando me creen ausente, me tachan de loca, de ida, de excéntrica.

Amor, mi amor, no te conocen, no me conocen. ¿Acaso es cuerdo el amor? ¿Son cabales los amantes? Estamos de acuerdo en algo: me niego a no sentir. Por eso salgo en tu busca una y otra vez, sin miedo a que la oscuridad de la noche me atrape, de que la luz del sol me ciegue. Y grito tu nombre y corro hasta tu encuentro, me arrancó el corazón y te lo ofrezco porque me basta con el tuyo para seguir latiendo.

No entienden que necesite disfrazarme cada noche en el cigarro que te fumas, en el humo que exhalas, convirtiéndome así entre las filigranas en tu Colibrí. A quién le importa si el torrente de pasiones me arrastra hasta ahogarme, tratando de salvar: la flor de tu risa, el abrazo de tus ojos, las miradas que se desprenden de tus manos (abiertas) y tus puños (apretados).

Y claro, imposible entender de lo que hablo si nadie al parecer cree en las musas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Gracias (300 palabras sincopadas y un beso)

Quisiera escribir los versos más alegres este día… mejor noche. Sentir ya sé, porque soy una tipa bien optimista, aunque todo lo que escribo parezca un dislate. Quizá sea, porque cuando estoy feliz no necesito contarlo me basta con disfrutarlo y cuando entro en conflicto mi escape sea éste. Un lienzo en blanco aguanta baldones, no te replica, no se molesta, no te odia; ni le importa que lo mojes con tus lágrimas. Tengo la manía de escribir a mano y en cualquier parte (no sé para qué diablos me compré mi molesquín). Cabal costumbre, si tecleara directamente en mi portátil menudo problema con tanta gota derramada (juro que intento no hacer poesía).
“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro…” Como en la canción, ahora espero seguir aprendiendo o reaprendiendo. Mejor lo olvido todo, no en vano he descubierto que poseo memoria selectiva ¡Bendita, maldita!
Al igual qué te pasa a ti, me rodea una pequeña corte de ronceros, pero sabes perfectamente que la única opinión que me afecta es la tuya como sé que te interesa muy mucho la mía. La razón la sabemos ambos, también. No precisamos de mentiras maquilladas, ya nos vale con nuestras Soledades (¿Recuerdas?)
Ni a poco ni a mucho se heredan los recuerdos, y los míos me pertenecen, ya puede venir cualquier broncínea a bruñir-me que no hay madres (por cierto, me le das recuerdos a ambas). Recordar es vivir infinitas veces ¿No te parece?
Tranquilo, terminaré puntuando (Ay. Otra vez el gerundio) correctamente. Ya sé que son la respiración de la frase, pero yo o hiperventilo o me asfixio. No me regañes. Esto forma parte de mi encanto. Corrígeme, anda, si lo estás deseando. Cierra los ojos, abre la boca, mueve los dedos, tecléame o bésame. Tú verás (punto y final).

domingo, 7 de marzo de 2010

Un globo de cemento.


No sé si ha sido esta tarde ventosa, o mi dolor de muelas, o las ganas de alejarme de la ciudad, de todo este cemento.
O quizá, simplemente, han sido mis ganas…mis ganas de…
Dejar de sentir mi cabeza, como un globo, a punto de explotar. De sentir este cansancio que me cansa, que me aparta, hasta de lo que me descansaría.
Dejar de fingir lo que no siento y decirte: Que no echo de menos: ni tu cara, ni tu risa, ni tus manos…
¿Cómo echar de menos lo que no se ha tenido?
Pero, fingiendo este dolor no fingido.
Te digo: Te echo de menos. ¡Cuánto te echo de menos!
Y, lo qué más echo de menos: Que seas el primero en leer lo que escribo, y me corrijas, y te rías, y me alientes a que siga.
Eso es lo que echo de menos: al amigo, a mi amigo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Y vuelve la necesidad

Te propongo:

Hablar… por variar. Lo haremos en voz muy baja. No, no voy a contarte que me pasa. Hablemos, pero de corrido, sin levantarnos, sin besos y sin curitas.
Amar… porque sí. Ya sabemos lo que nos queda adelante -desnudémonos pues- es lo que tiene ser casi viejos amantes.
Vivir…Sí, por qué no. Haciendo poesía y lo mismo me da que no esté de moda en estos días.
Sé de tu necesidad, pero sólo puedo regalarte palabras… aprendidas de la vida.
Sé, que las únicas revoluciones son las libradas desde tu cuerpo y el mío, cada vez más de cristal.
Sé, que algo nos está pasando, por eso en la noche sigo oyendo ruido de pasos y cuando prendó la luz de mi memoria me atacan los recuerdos.
Y entonces, quiero morir o mejor que me mates con la única muerte en la que creo, esa que guardas entre tus labios.
Ves…y eso que no iba a contarte lo que me pasa.

Fuerza Chile