De la misma manera que redecoré esta isla entera para ti (pintándola de: dunas, paseos, cruces, caminos, olas, mares, nubes, calderas, balcones, ventanas, fuentes, plazas, barcos, sabores, calores, sonidos, vientos, brisas, risas, lágrimas, olores, perfumes, santos, descubridores, perros, palomas, gaviotas, sal, miel…), redecoraré tus sueños.
Hoy seré la niña ventanera escondida tras la cortina que mece el viento en la ventana de aquella calle, de aquella Isla, de aquel Archipiélago en aquel Continente ¿inventado?
Y desde la niña que fui –que soy- te espío buscando el enmarque perfecto de mi memoria, mientras tú, ahí, en esa calle, buscas el magistral encuadre para esta ventana abierta al mar.
Hoy sentada en esta plaza, donde es evidente que no estás, la calle Remedios –aquí a un lado- me consuela de tu ausencia. La Peregrina –justo de frente- se burla y me invita a pasear; entonces me rindo y voy hasta tu recuerdo que se empeña en tomarme de la mano, en llamarme por mi apellido, en enredarse con mi pelo…Y juego.














































Lo que me atrajo de ella la primera vez que la vi, fueron sus ojos, tan tristes. Luego su olor a mujer y a perfume caro, tan personal, tan ella. Más tarde fui venciendo mi natural desapego, gracias a su ternura, me dejé de a poquito: tocar, acariciar, mimar, me fui entregando. Así me fue enredando, siendo como un perrito faldero, detrás de ella apenas aparecía por la casa. Ésta de pronto parecía más viva, amable, cotidiana.