
Luis Alberto de Cuenca (de Por fuertes y fronteras, 1996)
A veces, alguna vez me pierdo. Sí, me pierdo dentro de mí. Este mundo me parece tan feo, tan sumamente hostil, que corro, corro y, corro dentro de mí. Ahí pero muy al fondo y entonces vivo otra vida; es la vida de mis sueños. Y ando por mi alma buscando a la niña que habita en mí, queriendo volver aquellos lugares donde fui tan feliz.
La casa vieja, la fuente el Piojo, la Quintana, mi vieja escuela, mi caja de lápices de creyón, mi bloc de dibujos con mi mundo de colores, el frío, la nieve, la fábrica de mármoles, el parquillo de la Almudena, el Carmen, el Rastro, el Retiro,
Luego corro por Las Palmas, Vegueta, Santa Ana, las palomas, los perros, el Puente Palo, el Hotel Madrid... Aquel Hotel Madrid. Triana, el Parque de San Telmo, el viejo Cuasquías, mis laderas, la torre ocho, el 127, los institutos, Tomas Morales, la Nueva Moderna,
Quisiera sentarme en tu pupila,
y llorar hasta vaciarme,
y en el rebozo de mi llanto,
inundar tus ojos,
entonces sorprendido
con tu llanto incontenible,
correrás hasta tu espejo,
y allí verás reflejada
mirando en la mirada
que te mira
desde tú pupila
a una mujer sentada.
Yo al fin feliz y reconfortada,
mirándote a través de tú pupila
que me mira,
desde el otro lado del espejo
veré tu cara inconsolable
inundada de lágrimas
que son las mías,
y en cada lágrima
reflejada tu cara en el espejo
reflejada,
y tú mirada que mira la pupila,
donde sigo sentada
reflejada en infinitas
pupilas,
en infinitas
lágrimas,
y siempre tú cara
tu cara infinita…tu alma
La vi pasar tan pensativa. Yo, como siempre, de lejos la seguía.
Caminaba ligera carretera abajo hasta las choperas.
La vi llorar, por el paseo de los enamorados, bajo los falsos castaños, a la vera del río Najerilla.
Su paso rápido y altivo… su corazón triste y abatido.
Yo la admiraba en silencio. ¡Había tanta vida en ella! Ahora no entendía, que cosa le atormentaba que cosa la entristecía.
¡Lloraba con tanta pena!
De lejos yo la observaba, miraba una fotografía, sentada a la vera del río, el río del agua fría, las lágrimas sin embargo, calientes me parecían, las lágrimas que a la niña, por el rostro le corrían.
Los chopos apenados, el paseo tan solitario, tan sin enamorados; por techo los falsos castaños, el río del otro lado, la niña... sola.
Aligeró el paso ya casi anochecía, si llegaba tarde seguro reprenderían.
Algo calló de sus manos, era la fotografía y, yo corriendo tras ella del suelo la recogía.
¡Dios mío era yo! Por quién la niña lloraba.
Grité: ¡MARARÍA!
Pero ella no me escuchaba, no podía.
Lo recordé de pronto. Cuando nos conocimos, yo penaba por otra, solo la muerte quería; de aquella, ya ni me acuerdo, solo pienso en Mararía.
La pena es que ya estoy muerto, jamás sabrás cuánto te quería.
¡Cuanto te sigo queriendo!
Por eso nunca me ves, por eso siempre te sigo. Esa será mi condena, seguirte por las veredas, seguirte por los caminos.
Qué no daría por escaparse hasta aquella villa al este del Edén (villa abandono, villa soledad) para ella villa placer. ¡Ironías mire usted!
La primera vez que la visitó lo ignoraba todo. Su intuición le gritaba, como siempre y como siempre hacía oídos sordos.
¿Cuántos años habían pasado? Muchos, demasiados; ahora quería disfrutar ese momento, durara lo que durara.
A pesar de que, el despiste en ella es natural. ¡Amigo mío! como capta los pequeños detalles, la pequeña bici en uno de los porches, marcos vacíos sin fotos, sin litografías; dejados sobre alguna mesa. Productos de aseo infantil en uno de los cuartos de baños en la planta principal.
En la noche podía oír la risa infantil, sus juegos. A veces, más de un niño, más de un juego.
La vida en la casa era apacible (aparentemente), parecía el inicio de algo: cenas románticas, vino, veladas musicales, libros, lecturas y, las charlas hasta el amanecer. No queriendo apenas dormir, estirando el poco tiempo para compartir.
Le gustaba pasear por los salones contemplando todas aquellas pinturas, tan valiosas, que él, con tanta naturalidad explicaba. El brillo en sus ojos, la admiración, las ganas de vivir, de amar… todo lo salpicaba.
Imagen 1ª
Mujer descalza, embarazada, un niño juega a sus pies, está en la cocina…va de blanco. A través de la ventana se puede ver el mar, el olor a sal se mezcla con los vapores de la comida, todo huele a vida.
Imagen 2ª
Mujer ante su maquina de escribir, viste un traje malva, los pies desnudos…está inventando un cuento para el hijo que guarda en su seno, para una "niña" que aún... no nace.
(Samuel, Héctor y la niña del sueño María...mis poderosas razones o motivos)