
Helena, soñó que era una sirena y al despertar, en aquella laguna, no sabía si era una mujer que había soñado ser una sirena; o una sirena que ahora soñaba con ser Helena.
Mamá – dijo el niño – ¿qué es estar indignado?
Pues verás, es como cuando tú te enfadas con tu hermanito; pero mucho, mucho, y, aprietas fuerte las cejas y los labios.
El niño salió a jugar a la calle y todo el país que le cupo en su mirada tenía un enorme ceño fruncido.