
Y la bailarina murió aplastada bajo una nube de algodón en el sueño de aquel loco.
Si encontrara las palabras
que describan el calor
de tu cuerpo junto al mío,
el latir de tu corazón
debajo de mi oído,
el tacto de tu pecho
en mi cara;
el cosquilleo de mi espalda
al sentir
tus dedos acariciarla.
¡El éxtasis!
cuando tu olor penetra
en mi pituitaria,
el sueño que llega,
el instante eterno.
Si esta siesta no acabara,
¡si encontrara las palabras!