
Aquella noche bailaron hasta quedar exhaustos, olvidando sus vidas grises, sus bolsillos vacíos, sus viejas heridas.
Decidieron olvidar las mentiras y vadear la traición, y uno y una no son dos, y en aquella noche sin luna, mirando desde la ventana el mar, llenaron de vida y de sal el corazón, pero no hubo promesas de amor.
Y en esa villa al este de Edén pasaron las horas, y una y uno no son dos que eran tres. El mundo ajeno a su noche, giraba, mientras ella le llenó de calma, él la enseñó a volar sin alas.
Cantaron una vieja canción y ella lloró al sentirse otra vez la chica de ayer. Aunque no hubiera un jardín, ni colibrí, ni flores con las que jugar.
No pudo encontrar las palabras para atrapar el instante en que el corazón estalló de felicidad, por eso, y por nada más, se fue junto a la alborada.
Por eso siempre será aquella noche...
Y si la vida da otra oportunidad, el destino hará un nudo con sus brazos. Bailaran en una nueva noche con luna, con mar, con besos de vida y de sal.
Sobraran las promesas…
Ellos saben muy bien: uno y una no son dos, que son: Tu noche y la mía